
El sitio arqueológico de Cnosos es probablemente uno de los monumentos más famosos del mundo. Su fama depende tan de la historia antigua y de la leyenda alrededor del edificio de Cnosos, como de la historia “moderna” de la “restauración” de Cnosos.

La leyenda
La cultura cretense es una de las más antiguas de la antigua Grecia. Según cuenta la leyenda en Cnosos, vivía el rey Minos, que tenía dos hijos: Ariadna y el Minotauro. Este último era un monstruo mitad hombre y mitad toro, parido por la mujer la cual, después de una maldición, se había enamorado de un toro. El rey Minos, para esconder y al mismo tiempo protegerse del hijastro, había hecho construir por Dédalo un laberinto intricado.
Dédalo y su hijo Icaro luego habían sido encerrados en el mismo laberinto y habían logrado a escapar construyendose unas alas con cera y plumas.
Después de una guerra contra Atenas, en Cnosos llegaban como tributo siete chicos y siete chicas que hacían de comida para el Minotauro.
Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, se sustituyó a uno de los chicos con la intención de matar al monstruo y liberar su propia ciudad. Para hacerlo necesitó la ayuda de Ariadna que, con astucia, aconsejó al joven de utilizar un hilo de lana, cuyo capo estaba ligado a la entrada del dédalo, para encontrar el camino y la libertad después de haber matado al Minotauro.

La historia
Los edificios de Cnosos son dos, construidos en el 2000 a.C. y entre el 1700 y el 1500 antes de Cristo. Las habitaciones del edificio (construido sobre dos plantas), eran tan numerosas que cubrían una superficie de aproximadamente 22.000 mq, y su aspecto intricado, muy probablemente, ha dado vida a la leyenda sobre el laberinto. Creta tenía que gozar de un fuerte dominio económico y político sobre el Egeo, al punto que el edificio no necesitaba muros defensivos. Las cosas cambiaron cerca del 1450 a. C. cuando el edificio fue puesto a hierro y fuego por los Micénicos (el edificio más antiguo fue destruido probablemente por un cataclismo natural, probablemente la erupción vulcánica de Santorini, lo que enlaza Creta a otra leyenda: la desaparición de Atlántida).
Una ciudad tan rica de elementos legendarios no podía no tener una historia moderna también digna de nota.
El arqueólogo que, después de muchas experiencias negativas de otros, al comienzo del ‘900 llevó a la luz Cnosos, fue el inglés Sir Arthur Evans. él no sólo llevó a la luz el edificio y realzó las columnas caídas, sino que se aventuró en una verdadera reconstrucción de algunas partes. Para hacerlo se sirvió de materiales modernos como el hormigón armado, repintó áreas del edificio, reconstruyó ex novo columnas que pintó de rojo. (Los objetos originales incluidas las pinturas hoy son conservados en el Museo Arqueológico de Iráklio).
El osado trabajo de Evans ha desencadenado no pocas polémicas y ha puesto Creta al centro de una disputa arqueológica que dura desde casi un siglo con el sucederse de críticas, protestas, coros entusiastas y también la propuesta de abatir el trabajo de Sir Arthur, defendido por aquellos que lo consideran ya una pieza arqueológica ello mismo.
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